Cuando lo que transmitimos es lo contrarío de lo que queremos expresar

A través de l lenguaje y la expresión oral, nos comunicamos y muchas veces tratamos de transmitir determinados sentimientos y sensaciones, y la mayoría de las veces trasmitimos justo lo contrario, ¿qué falla pues?

¿El lenguaje que utilizamos?

¿La forma en que lo decimos?

¿El interlocutor, que no entiende lo que decimos?…..

Pues de los tres interrogantes, el más acertado es el segundo.

Si, lo que falla muchas veces es la manera, el cómo lo decimos. Ya hemos hablado de este tema en otras ocasiones, pero es que este punto es vital para conseguir un buen habla y hablar bien…..

Y para ello basta un botón de muestra:

El otro día en un famosísimo programa de radio de una cadena nacional, entrevistaban a la flamante ganadora de un prestigiosísimo premio de periodismo (no doy datos ni nombres para no herir sensibilidades, ni que se me tache de criticona, pero podéis escucharlo vosotros mismos y sacar vuestras propias  conclusiones), una mujer joven, con una voz agradable y aparentemente educada –se percibía que la había trabajado profesionalmente- . Nos contaba cosa terribles de las que había sido testigo durante años en Ciudad Juárez. Es más ,nos explicaba que precisamente tenia vocación de periodista por su afán de “contar historias” y de transmitir lo que ella veía como periodista.  Y no pongo en duda su ardua vocación e investigación en estos temas que le han hecho merecedora de reconocimiento y premios. Pero la manera con que nos lo contaba (el tono de voz un tanto afectado y cantarín que empleaba para ello no ayudaba nada a adentrarnos en ese horror del que había sido testigo, sin no muy al contrario, si uno no prestaba atención a lo que decía, parecía que nos estaba contando sus vivencias en “Hollywood” con todo el glamour que nos podamos imaginar.

Tampoco se necesita, cuando uno lo que intenta transmitir en el otro es una sensibilidad hacia cierta problemática utilizar un tono melodramático o trágico. No no es eso . Pero contar algo hondo y penoso para que empaticemos con las victimas, como si estuviéramos contando las peripecias de una película de gansters, desdibuja el mensaje, es como si Hamlet, nos contara sus incertidumbres del  “ser o no ser“, con el acento y los ademanes de Chiquito de la Calzada (que cuidado, en una versión de parodia hasta tendría su aquel)

Cada cosa tiene su justa medida y su justa expresión pero sin duda alguna, a veces el ego nos juega malas pasadas.

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